Psicología

Padres ¿cuál es nuestro papel?

Llevar a los hijos al entrenamiento, asistir a sus partidos llueva o nieve, animarlos a ir cuando no les apetece, etc. son algunas de las tareas del papel de los padres en el fútbol, y es que, éstos se encuentran presentes en la vida deportiva de sus hijos, presencia que puede aportar una influencia positiva y sana o, por el contrario, negativa a la hora de manifestar ciertas conductas o no saber entender las funciones del rol que ostentan. En relación a este último punto son conocidos diversas noticias relacionadas con peleas entre padres durante la competición deportiva, agresiones a árbitros y diversos conflictos y peleas incluso con entrenadores.

Lo cierto es que los padres, tanto en uno como otro sentido, juegan un papel muy importante en las vidas de sus hijos y, concretamente en el deporte, pueden ser los que les animen a empezar a practicar fútbol, baloncesto, artes marciales, etc., los que les apoyen y animen a seguir entrenando y los primeros que les motiven a mejorar día a día en el deporte que les apasiona; o, por otro lado, un elemento que represente un exceso de presión, indiferencia o distracción que influya negativamente en el aprendizaje y disfrute deportivo del deportista hasta el punto extremo de que éste pueda abandonar a causa de ello la práctica deportiva.

Por esto, es muy importante aprender cuándo y cómo motivar a mi hijo y no presionarle, ya que hay niños que temen cometer errores como fallar un tiro a puerta o un pase porque saben que sus padres se decepcionarán o, incluso, que les echarán la bronca o señalarán sus errores cuando entren al coche, haciendo las funciones de un rol que no les corresponde como es el de entrenador.

En el caso de esta confusión de roles, según el comportamiento de los padres se pueden distinguir varios tipos de padres:

  • Padre – Entrenador: grita y da indicaciones desde la grada al hijo e incluso al equipo, llegando incluso a poder contradecir las indicaciones del entrenador.
  • Padre – Representante: habla todo el día de lo bueno que es su hijo jugando. No presiona de forma directa a su hijo, pero sí le transmite la idea errónea de que su valor se encuentra en si juega “bien o mal”.
  • Padre crítico: siempre insatisfechos con la actuación de su hijo. Les regañan y critican, llegando a ser el deporte algo más “suyo” que de su propio hijo.
  • Padre – Taxista: lleva y recoge a su hijo de los entrenamientos y partidos. Suelen ser padres no muy interesados en el deporte, pero van porque saben que es algo que sus hijos disfrutan.
  • Padre – Desinteresado: se asemeja al padre taxista pero, en este caso, no se implica en absoluto en la actividad que realiza su hijo. No va a entrenamientos ni competiciones, no se preocupa por cómo progresa o cómo le han ido sus partidos. No se involucra en incentivar desde el hogar la importancia y valores de esta actividad.
  • Padres involucrados: se interesan por las decisiones del club y en la transmisión, de la mano de éste, de valores positivos y relacionados con los que promulga el club del cual forman parte. Entienden su labor y su importancia sin interferir en otros roles.
  • Padre – Hooligan: resta en diferentes ámbitos. Grita desde la grada, cuestiona las diferentes decisiones técnicas, arbitrales y acciones del juego, se mete con el árbitro, el equipo rival, la grada rival, etc., pudiendo desestabilizar significativamente el desempeño de su hijo y el de dicho equipo en general.

Ahora bien, una vez reconocemos diversos tipos de padres que pueden encontrarse en cualquier escuela o club, ¿cómo podemos desde nuestro rol ayudar a nuestros hijos sirviendo de ejemplos positivos a la hora de acompañar su práctica deportiva?, ¿cómo podemos motivarles y animarles a seguir progresando y disfrutar del deporte? Para ello existen diversos áreas de trabajo desde los cuales podemos incentivar a nuestros hijos sin inmiscuirnos en otros roles de la institución, teniendo aun así una gran importancia e impacto en la formación de éstos.

NO JUZGARLES – Pese a que a todos nos gusta ver a nuestro hijo brillar con protagonismo o que nos molesten ciertas decisiones arbitrales, tenemos que saber controlar nuestras emociones y no dejarnos llevar por el fervor del partido como si fuésemos un hincha, ya que podemos presionar y causar un mayor nerviosismo en nuestro hijo (desviando su atención de la actividad). No juzguemos su rendimiento (tarea del entrenador), enfoquémonos en si han disfrutado, ya que ellos mismos serán los que nos hablarán de su percepción de rendimiento.

DAR UN BUEN FEEDBACK – Enfatizar lo que, desde nuestro punto de vista, ha hecho bien y no insistir tanto en los errores, ya que podemos fomentar inseguridad en vez de seguridad en próximas ocasiones. El niño es consciente de cuando comete un error llamativo y lo trabajará con el entrenador.

NO PONERME «EL TRAJE DEL ENTRENADOR» – El técnico guía el aprendizaje deportivo de nuestro hijo y no debemos interferir o causar contradicciones en su discurso. En la grada no somos Guardiola, Zidane o Simeone; observemos y disfrutemos desde la grada de nuestros hijos.

MANTENER LA ESTABILIDAD – Tanto en las victorias como las derrotas. Siempre hay altibajos y nuestro hijo los afrontará mejor si le transmitimos calma y seguridad, sin exaltarnos en exceso en la victoria ni estresándonos y desilusionándonos en la derrota.

INTERESARNOS POR SUS INTERESES – Atender a lo que nos cuenta nuestro hijo sobre la actividad que le gusta, ya que para él es muy importante. Acompañarles en sus intereses sin llegar al punto de que pasen a ser más “nuestros” que suyos.

Todos los elementos que forman parte de una escuela o club tienen una gran importancia y se encuentran relacionados unos con otros a la hora de que todo funcione correctamente. Desde nuestro ámbito, los padres tenemos una importancia vital tanto en lo negativo como en lo positivo si sabemos entender nuestras funciones y papel en la formación deportiva y humana de nuestros hijos. Tratemos de formarnos a la par que nuestros hijos y ser también padres ejemplares en los terrenos de juego, sumando a la vida deportiva de nuestros hijos para que sigan aprendiendo y disfrutando del deporte.

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