Entrenamiento

Mejora tu lateralidad… ¡Conviértete en ambidiestro!

          1. ¿Qué es ser ambidiestro?

“¡Qué suerte tiene ese niño/a, es ambidiestro/a!”, “Ojalá fuera ambidiestro…”, «Quiero ser ambidiestro…»; son ejemplos de muchas afirmaciones y deseos de todos los niños/as que nos rodean y se establecen en el contexto futbolístico… pero, ¿qué es realmente, o qué significa exactamente el término “ambidiestro”? El concepto de ambidiestro hace referencia a una persona la cual tiene la capacidad de usar aparentemente con la misma habilidad las extremidades izquierdas como las derechas; siendo esto una característica humana poco común (dándose en uno de cada cien humanos.)

Al conocer el término nos surge otra segunda cuestión no menos importante: ¿Esta característica poco común, se adquiere innatamente (es decir, desde que nacemos la llevamos con nosotros) o mediante la práctica? Mediante diferentes estudios a lo largo de la historia, se ha comprobado que la persona “ambidiestra” que conocemos a día de hoy nació siendo originalmente zurda, pero que han aprendido a dominar las extremidades del lado derecho del cuerpo por la imposición de lo mismo en la escuela, en casa o mediante utensilios de la vida cotidiana no amoldados a personas zurdas (como por ejemplo: existen escuelas o colegios donde los pupitres existentes únicamente son para diestros).

Para comprender mejor a qué se debe la aparición de esta característica motriz en los humanos acudimos a la famosa Taxonomía[1] de Anita Harrow, exactamente a los contenidos referidos al tercer nivel de la misma “taxonomía”, el cual especifica las diferentes actitudes perceptivas como las percepciones temporales o espaciales, los movimientos coordinados, discriminaciones tanto visuales como táctil o auditiva; como (lo cual profundizaremos) a la conciencia corporal.

Dentro de este último apartado de conciencia corporal podemos encontrar las prácticas derivadas del “equilibrio”, de la relación de distancia entre el cuerpo y el entorno y la lateralidad. Esta lateralidad es en sí la capacidad motriz que proporciona a los humanos el dominio de ambas partes del cuerpo tanto simultáneamente como por separado (en lo cual englobamos el ser zurdo, diestro; o en el caso de nuestro tema a tratar: el ser ambidiestro).

          2. Quiero que mi hijo/a sea ambidiestro.

Una vez presentado el marco teórico en el cual nos encontramos al tratar el tema de los niños/as ambidiestros, podemos entrar en profundizar en el desarrollo del perfeccionamiento. Como es obvio, cada padre, madre o tutor quiere lo mejor para sus descendientes en todos los aspectos vitales; entre los cuales encontramos el motriz.

Es entendible que todo progenitor desea que su hijo/a sea capaz de escribir con ambas manos, que tenga la misma destreza al realizar diferentes tareas con cada extremidad lateral de su cuerpo, como que en el fútbol sepa utilizar la pierna derecha como la pierna izquierda (o viceversa, en el caso de los diestros); pero esto no siempre es posible.

Como ya hemos citado anteriormente, que un humano sea completamente ambidiestro es algo muy poco probable, y refiriéndonos concretamente al deporte del fútbol se estima que solamente un 10% de los alumnos de escuelas de fútbol base en todo el mundo podrán alcanzar la característica de ser ambidiestros.

Por ello, hay que tener claro que es difícil el caso de aquel niño/a que sea capaz de convertirse en “ambidiestro”. Todo esto no quiere decir que no se debe intentar trabajar y profundizar en el desarrollo de la misma habilidad corporal. Esta lateralidad se puede trabajar en todos los ámbitos de la vida, como en casa, la escuela o en todos los deportes (por ejemplo: en el baloncesto con el uso de las dos manos por igual, o en la esgrima con el uso de cada pie y cada mano alternativamente en posición de ataque).

          3. Consideraciones para la práctica.

Como ya hemos analizado, debemos concienciarnos de que la proyección del desarrollo de la lateralidad de la cual tratamos es conveniente e incluso necesaria con el fin de un mayor dominio del propio cuerpo y de la propia conciencia corporal de nuestros hijos/as o alumnos, pero nunca forzando estos movimientos ni el desarrollo autónomo de la habilidad… entonces, ¿qué podemos hacer como padres/madres/tutores/entrenadores con el fin de mejorar esta habilidad motriz?

La respuesta es sencilla: “Trabajar la lateralidad de forma que no se condicione al niño/a cambiar sus actitudes motrices”; de modo que en casa podremos trabajar de manera que: el niño/a pueda intentar ocasionalmente dibujar o pintar con la mano no dominante o realizar tareas o actividades cotidianas con la misma (como cepillarse los dientes). En la escuela los niños podrán ser previstos de aprendizajes por proyectos o metodologías en las cuales se potencie esta lateralidad (sobre todo en la asignatura de Educación Física) como saltar a la pata coja con la pierna no dominante o explotar un globo.

En el ámbito deportivo, especialmente en el futbolístico, podemos trabajar este dominio de ambas piernas con diversos ejercicios de coordinación bilateral o incluso con ejercicios cotidianos o seriales de cada entrenador pero con premisas a seguir que profundicen en la potenciación del uso de la pierna “menos buena”.

Además, de cara al aspecto psicológico en este tema, tanto padres, como entrenadores o compañeros; debemos evitar diferentes frases o exclamaciones como: “Tienes la pierna derecha para subir al bus” ó “tienes la izquierda de palo”, y  procurar ayudar y potenciar la lateralidad propia como la que nos rodean en nuestro lugar de esparcimiento.

Por último, os comparto dos tipos de ejercicios básicos posibles a realizar en el campo de fútbol con niños/as de cualquier edad (todo adaptado a los distintos niveles de dificultad) con el objetivo de potenciar esta lateralidad y por tanto, INTENTAR, repito: INTENTAR, que profundicen en el desarrollo de su coordinación bilateral y que puedan ser ambidiestros en un futuro próximo.

 

 

 

[1] Jerarquización en niveles referidos a los niveles motrices que se deben adquirir gradualmente. Es la taxonomía más utilizada en el campo psicomotor. (1978)

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